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La temperatura es un factor esencial para el desarrollo correcto de los cultivos. Durante el invierno y la primavera, las bajadas térmicas bruscas y la aparición de heladas provocan daños evidentes en las plantas, principalmente por la formación de cristales de hielo en el interior del tejido vegetal.

Ante estas situaciones, las plantas experimentan cambios fisiológicos y bioquímicos para intentar adaptarse y minimizar el daño celular provocado por bajas temperaturas, reduciendo otras funciones esenciales como la fotosíntesis, respiración, absorción de nutrientes, etc. Este fenómeno en el que la planta está sometida a un estrés por temperaturas extremas es lo que se conoce como “estrés térmico”.

Es importa destacar que los efectos negativos de este estrés por bajas temperaturas no solo aparecen con temperaturas de congelamiento, sino que con una exposición continuada a temperaturas de hasta 10-15ºC, el rendimiento de la cosecha puede verse notablemente mermado.

 ¿Y qué podemos hacer para evitar ese tipo de situaciones?

Aunque no podemos controlar una bajada brusca de temperaturas, sí que podemos preparar a la planta para que no sufra las consecuencias drásticas de dicho estrés: seleccionar de variedades adecuadas, llevar una nutrición equilibrada, entre otras, son opciones de gran ayuda para enfrentarse a este tipo de situaciones.

Además, existen productos bioestimulantes que contribuyen a preparar la planta, regenerar los daños causados y así combatir los efectos nocivos del frío y las heladas, minimizando las posibles pérdidas.

Un asesoramiento adecuado es también clave para reducir las consecuencias del estrés térmico. ¿Necesitas recomendación? ¡Te ayudamos!